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Que la vida iba en serio, eso lo descubrí más tarde. Como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.
30 junio 2004
Hoy es uno de esos días de calor de mitad de verano. Uno de esos días en que la temperatura te hace despertar de madrugada, cuando queda tan poco tiempo para levantarse que no merece la pena hacer el esfuerzo de intentar volver a dormir. En ese tiempo hasta el alba nunca estamos solos: nos deslizamos de idea en idea, con esa calma del que no tiene prisa porque no tiene un destino al que llegar.
Ayer salí por la noche, celebrando que estaba vivo. Vino un amigo, cenamos y tomamos incontables copas a lo largo de esa noche de martes. Estábamos vivos. Hablamos y hablamos sin parar. Esta vez sin arreglar el mundo, sin tocar temas de historia y filosofía más que lo necesario. Hablamos de nosotros, de cada uno. Un poco de todos. De esa parte común a todas las personas y a todas las épocas.
Cada uno desde su colina caminamos al valle común. Él desde un síndrome de Peter Pan consciente, al que se ha entregado plenamente, conocedor de sus riesgos. Yo desde la pose del que acepta cínicamente unas reglas del juego que en realidad detesta. Los dos mirando hacia los eternos: la vida, la amistad, el amor y la muerte.
Hoy una carta en el buzón me ha hecho seguir celebrando la vida. Poder recordar noches como la de ayer, como la de la semana pasada con dos amigos de la infancia, y saber que habrá otras, esperar que haya otras, con los mismos amigos, o con otros que van quedando por el camino (Frederik, el francés que ha sido mi ventana al mundo este año, se marcha mañana), hacen que siga.
Hoy tengo un verano por delante en el que decidir cómo llenar el tiempo, una chica increíble, que salió de mi vida sin avisar, a la que olvidar. Y seguir celebrando el milagro de la vida.
Ayer salí por la noche, celebrando que estaba vivo. Vino un amigo, cenamos y tomamos incontables copas a lo largo de esa noche de martes. Estábamos vivos. Hablamos y hablamos sin parar. Esta vez sin arreglar el mundo, sin tocar temas de historia y filosofía más que lo necesario. Hablamos de nosotros, de cada uno. Un poco de todos. De esa parte común a todas las personas y a todas las épocas.
Cada uno desde su colina caminamos al valle común. Él desde un síndrome de Peter Pan consciente, al que se ha entregado plenamente, conocedor de sus riesgos. Yo desde la pose del que acepta cínicamente unas reglas del juego que en realidad detesta. Los dos mirando hacia los eternos: la vida, la amistad, el amor y la muerte.
Hoy una carta en el buzón me ha hecho seguir celebrando la vida. Poder recordar noches como la de ayer, como la de la semana pasada con dos amigos de la infancia, y saber que habrá otras, esperar que haya otras, con los mismos amigos, o con otros que van quedando por el camino (Frederik, el francés que ha sido mi ventana al mundo este año, se marcha mañana), hacen que siga.
Hoy tengo un verano por delante en el que decidir cómo llenar el tiempo, una chica increíble, que salió de mi vida sin avisar, a la que olvidar. Y seguir celebrando el milagro de la vida.
28 junio 2004
3 días en Marbella para recordar toda la vida. No. No hubo ninguna gran historia fantástica. Simplemente reencontrar la alegría de vivir.
La casa, un apartamento, altura 7ª, en el paseo marítimo, con la terraza dando al mar, una decoración preciosa y una playa muy agradable debajo.
La compañía, una chica rusa de origen judío, blanca hasta ser casi transparente, con unos ojos verdes luminosos que contrastaban terriblemente con esa piel clara. Inteligente e intuitiva. No hablaba español y sólo un poco de inglés, y aunque yo no hablo ruso ni alemán, nos pudimos entender. Espero verla un día en Viena. Jana.
Ella, guapa con avaricia, con unos ojos enormes tapados por gafas de intelectual. Cinco idiomas además del español, soprano, y, aparte de las carreras, con una cultura impresionante y un carácter envidiable. Una risa inconfundible y una mirada que intriga. Hubiese podido pasar mi vida al lado de ella. Helena.
Yo. Para los que me conoceis, sin comentarios. Para los que no, sólo decir que me tuvo que confundir con otro. Pero nunca se lo dije.
En los tres días nos reimos, hablamos, paseamos por la playa de noche y nos bañamos también de noche. Los 3. Aunque el único que se equivocó fui yo.
Conoci a Ainoa, de Bilbao, quien pensaba que éramos pareja. Ella y yo habíamos hablado un total de 30 minutos en todas nuestras vidas, antes de que yo conociese Marbella.
Dicen que, con las personas, no hay que hacerse ilusiones, para no ser defraudado. Y yo creía no habérmelas hecho. Esta madrugada he llegado a Madrid en autobús. Las esperé una hora en la estación. Y no aparecieron. Llamé y no contestaron. No sé si leyeron mis mensajes.
Las mujeres, como los gatos, siempre aparecen de repente. Y a veces salen de tu vida sin avisar.
Solo espero que ella haya entrado en la mía para quedarse por mucho tiempo. No como una aventura o algo pasajero, sino como aquellas personas que se metieron un día en la mía y ahora no puedo pensar en mi vida sin haberlas conocido.
La casa, un apartamento, altura 7ª, en el paseo marítimo, con la terraza dando al mar, una decoración preciosa y una playa muy agradable debajo.
La compañía, una chica rusa de origen judío, blanca hasta ser casi transparente, con unos ojos verdes luminosos que contrastaban terriblemente con esa piel clara. Inteligente e intuitiva. No hablaba español y sólo un poco de inglés, y aunque yo no hablo ruso ni alemán, nos pudimos entender. Espero verla un día en Viena. Jana.
Ella, guapa con avaricia, con unos ojos enormes tapados por gafas de intelectual. Cinco idiomas además del español, soprano, y, aparte de las carreras, con una cultura impresionante y un carácter envidiable. Una risa inconfundible y una mirada que intriga. Hubiese podido pasar mi vida al lado de ella. Helena.
Yo. Para los que me conoceis, sin comentarios. Para los que no, sólo decir que me tuvo que confundir con otro. Pero nunca se lo dije.
En los tres días nos reimos, hablamos, paseamos por la playa de noche y nos bañamos también de noche. Los 3. Aunque el único que se equivocó fui yo.
Conoci a Ainoa, de Bilbao, quien pensaba que éramos pareja. Ella y yo habíamos hablado un total de 30 minutos en todas nuestras vidas, antes de que yo conociese Marbella.
Dicen que, con las personas, no hay que hacerse ilusiones, para no ser defraudado. Y yo creía no habérmelas hecho. Esta madrugada he llegado a Madrid en autobús. Las esperé una hora en la estación. Y no aparecieron. Llamé y no contestaron. No sé si leyeron mis mensajes.
Las mujeres, como los gatos, siempre aparecen de repente. Y a veces salen de tu vida sin avisar.
Solo espero que ella haya entrado en la mía para quedarse por mucho tiempo. No como una aventura o algo pasajero, sino como aquellas personas que se metieron un día en la mía y ahora no puedo pensar en mi vida sin haberlas conocido.
24 junio 2004
A veces, tras una mala época, llega un racha de buenos momentos. Entonces nunca se debe pensar que la vida te ha dado demasiado, porque puede que la próxima vez te quite algo. Hay que saber saborearlo, lentamente, y recordarlo, para tener algo de calor cuando aprieta el frio, en cualquier estación del año.
Ahora llevo 10 días maravillosos. Ya sin estrés (queda un año para el examen), puedo relajarme y se me nota porque sonrio. Hace sol, he corregido algo el pálido de estudiar, y las chicas me miran por la calle.
La amiga de barcelona suele llamar. El viernes vino otro antiguo amor a Madrid y me invitó a comer, puede que se quede a vivir aqui. El domingo pasé la tarde con una estadounidense encantadora (hemos quedado para esta semana). El lunes (lo más sorprendente), una chica con la que he hablado dos veces en mi vida me dijo si quería irme con ella y dos amigas una semana a Marbella, se supone que a estudiar (es guapa, inteligente, habla 5 idiomas y es la hija de un alto funcionario del MAE. Por favor, necesito consejos para no echarlo todo a perder). Ayer una amiga me dijo que tenía la primera quincena de agosto libre, que podíamos ir de vacaciones. Hoy ceno con un amigo de la infancia, que está de paso por Madrid.
No sé cuanto va a durar, pero espero que bastante tiempo.
Ahora llevo 10 días maravillosos. Ya sin estrés (queda un año para el examen), puedo relajarme y se me nota porque sonrio. Hace sol, he corregido algo el pálido de estudiar, y las chicas me miran por la calle.
La amiga de barcelona suele llamar. El viernes vino otro antiguo amor a Madrid y me invitó a comer, puede que se quede a vivir aqui. El domingo pasé la tarde con una estadounidense encantadora (hemos quedado para esta semana). El lunes (lo más sorprendente), una chica con la que he hablado dos veces en mi vida me dijo si quería irme con ella y dos amigas una semana a Marbella, se supone que a estudiar (es guapa, inteligente, habla 5 idiomas y es la hija de un alto funcionario del MAE. Por favor, necesito consejos para no echarlo todo a perder). Ayer una amiga me dijo que tenía la primera quincena de agosto libre, que podíamos ir de vacaciones. Hoy ceno con un amigo de la infancia, que está de paso por Madrid.
No sé cuanto va a durar, pero espero que bastante tiempo.
16 junio 2004
A veces creo que es mejor no conocer nunca la felicidad (o una situación que se pueda confundir con ella). Cuando se acaba, se sale de ella, o, simplemente, se vuelve a la realidad, el síndrome de abstinencia es brutal.
La última vez que estuve en Barcelona fui para dejar a una novia en el aeropuerto. Su “yo te quiero” me atravesó. Después cogí un autobús a Madrid y me encerré en una habitación. De eso hace casi dos años.
Acabo de volver de esa ciudad de pasar 4 días olvidándome de todo, disfrutando del sol, del tiempo libre y de estar con una antigua compañera de facultad. La última noche la pasamos entera acariciándonos (gran error). Y la última mañana llegó tarde a trabajar para dejarme en la estación.
- Pídeme que me quede (después de un beso en los labios).- Quédate, pero dormimos separados.
Me marché, esperando que me llamase a los pocos minutos para decirme que no comprase el billete. Llamó. Pero no lo dijo. Esa noche, a cientos de kilómetros, otra vez por teléfono, me confesó que pensó en hacerlo.
Y hoy vuelvo a empezar. Otra vez arrancado de un regazo de mujer. Otra vez desanimado, y otra vez lamentando que nadie nunca me hubiera dicho que la vida era así.
La última vez que estuve en Barcelona fui para dejar a una novia en el aeropuerto. Su “yo te quiero” me atravesó. Después cogí un autobús a Madrid y me encerré en una habitación. De eso hace casi dos años.
Acabo de volver de esa ciudad de pasar 4 días olvidándome de todo, disfrutando del sol, del tiempo libre y de estar con una antigua compañera de facultad. La última noche la pasamos entera acariciándonos (gran error). Y la última mañana llegó tarde a trabajar para dejarme en la estación.
- Pídeme que me quede (después de un beso en los labios).- Quédate, pero dormimos separados.
Me marché, esperando que me llamase a los pocos minutos para decirme que no comprase el billete. Llamó. Pero no lo dijo. Esa noche, a cientos de kilómetros, otra vez por teléfono, me confesó que pensó en hacerlo.
Y hoy vuelvo a empezar. Otra vez arrancado de un regazo de mujer. Otra vez desanimado, y otra vez lamentando que nadie nunca me hubiera dicho que la vida era así.
09 junio 2004
Dicen que en la vida de lo que se aprende es de los fracasos. Por eso todos amamos la ignorancia. Después de 2 años estudiando la semana pasada supe la nota del examen (tras salir del hospital por una crisis de vértigo). Suspenso.
Hoy he hablado con el presidente del tribunal. La respuesta esperada:
- Eres joven y tienes tiempo (no lo voy a ser para siempre y otros más jóvenes han pasado).
- El texto es corto. (A peso vendía Dumas, pensé que se buscaba calidad).
- Es demasiado original para alguien del montón (literalmente "nosotros que somos del montón")(Y pensar que hay un tío que citó como autor a Juanito Valderrama y ha aprobado...).
A diferencia del resto de españoles, hice un esfuerzo por creer en mi país al principio de mi juventud. Hoy estoy desengañado. Lo que vale es el apellido, el ser hijo de alguien, el que a tu padre le deban un favor... aunque tú no sepas hacer la "o" con un canuto. Palabrería y favoritismo.
Puede que mi examen no fuese muy brillante, y sé que, generalmente, el esfuerzo no se recompensa. Pero pasar a inútiles porque lo primero que se leyó fue el apellido dice mucho del pasado, presente y futuro de este país.
Me voy 3 días a Barcelona, a bajar el estrés.
Si alguien conoce (si alguien lee el blog) campos de trabajo en el extranjero para el verano, por favor, que deje un comment.
Hoy he hablado con el presidente del tribunal. La respuesta esperada:
- Eres joven y tienes tiempo (no lo voy a ser para siempre y otros más jóvenes han pasado).
- El texto es corto. (A peso vendía Dumas, pensé que se buscaba calidad).
- Es demasiado original para alguien del montón (literalmente "nosotros que somos del montón")(Y pensar que hay un tío que citó como autor a Juanito Valderrama y ha aprobado...).
A diferencia del resto de españoles, hice un esfuerzo por creer en mi país al principio de mi juventud. Hoy estoy desengañado. Lo que vale es el apellido, el ser hijo de alguien, el que a tu padre le deban un favor... aunque tú no sepas hacer la "o" con un canuto. Palabrería y favoritismo.
Puede que mi examen no fuese muy brillante, y sé que, generalmente, el esfuerzo no se recompensa. Pero pasar a inútiles porque lo primero que se leyó fue el apellido dice mucho del pasado, presente y futuro de este país.
Me voy 3 días a Barcelona, a bajar el estrés.
Si alguien conoce (si alguien lee el blog) campos de trabajo en el extranjero para el verano, por favor, que deje un comment.