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Que la vida iba en serio, eso lo descubrí más tarde. Como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.
28 abril 2004
Le petit Prince, El Principito, es uno de los libros más conocidos del siglo XX y más leido en el mundo. Un cuento para adultos en el que el protagonista es el autor, que se niega a crecer. Síndrome de Peter Pan, quiere permanecer en el mundo de su infancia.
Conversando con J llegué a la conclusión de que la mejor época en la vida de una persona es la que vive en el momento. Lo que se vivió está pasado, no va a volver (20 de abril del 90). El futuro está por hacer, no son más que ilusiones; la vida, luego, es la que decide.
Sin embargo, creo que la peor época en la vida de una persona, en general, es la que va desde los 20-25 a los 30-35. Una vez, un borrachín le dijo a mi madre, cuando ella era joven, que entre los 20 y los 30 cada persona hace su vida: encuentra su profesión, su pareja y su casa. Lo que no le dijo es que, hasta que todo se ha encontrado, hay bastantes sinsabores que superar.
El la semana pasada, en una tarde de estrés, decidí salir de Alcatraz a dar una vuelta. En mala hora. Madrid es una ciudad grande, pero es la capital más pequeña del mundo. Entre las 7 y las 9 de la tarde me encontré a tres personas con las que una vez compartí un tiempo. La primera, “Isita”, es lo que era, una pijilla de Madrid con una sonrisa encantadora. No ha cumplido los 26 y lleva casada algo más de un año con, no podía ser menos, un tal Borja. No la veía desde navidades de 2000.
La segunda persona en encontrarme fue, Juana, la polaca con la que Agata, mi antigua novia polaca vivía en Pamplona. Juana volvió de Polonia hace un mes, a vivir con el novio que tenía en Pamplona: un ex guardia civil, de los servicios especiales, que decía vender productos de peluquería. Pensaba que esto iba a ser todo.
A las 9, en un barrio del norte, entré en un bar y me encontré a Jesús, novio de otra chica que conocí en el 2000 y a quien no veía desde entonces, salvo un breve encuentro el verano pasado en Madrid. Se habían casado en noviembre.
Y yo, mientras tanto, en camiseta, sin nada que me ate a ningún sitio, alegrándome cuando sale el sol. Libre en toda la medida en que uno puede serlo hoy.
Conversando con J llegué a la conclusión de que la mejor época en la vida de una persona es la que vive en el momento. Lo que se vivió está pasado, no va a volver (20 de abril del 90). El futuro está por hacer, no son más que ilusiones; la vida, luego, es la que decide.
Sin embargo, creo que la peor época en la vida de una persona, en general, es la que va desde los 20-25 a los 30-35. Una vez, un borrachín le dijo a mi madre, cuando ella era joven, que entre los 20 y los 30 cada persona hace su vida: encuentra su profesión, su pareja y su casa. Lo que no le dijo es que, hasta que todo se ha encontrado, hay bastantes sinsabores que superar.
El la semana pasada, en una tarde de estrés, decidí salir de Alcatraz a dar una vuelta. En mala hora. Madrid es una ciudad grande, pero es la capital más pequeña del mundo. Entre las 7 y las 9 de la tarde me encontré a tres personas con las que una vez compartí un tiempo. La primera, “Isita”, es lo que era, una pijilla de Madrid con una sonrisa encantadora. No ha cumplido los 26 y lleva casada algo más de un año con, no podía ser menos, un tal Borja. No la veía desde navidades de 2000.
La segunda persona en encontrarme fue, Juana, la polaca con la que Agata, mi antigua novia polaca vivía en Pamplona. Juana volvió de Polonia hace un mes, a vivir con el novio que tenía en Pamplona: un ex guardia civil, de los servicios especiales, que decía vender productos de peluquería. Pensaba que esto iba a ser todo.
A las 9, en un barrio del norte, entré en un bar y me encontré a Jesús, novio de otra chica que conocí en el 2000 y a quien no veía desde entonces, salvo un breve encuentro el verano pasado en Madrid. Se habían casado en noviembre.
Y yo, mientras tanto, en camiseta, sin nada que me ate a ningún sitio, alegrándome cuando sale el sol. Libre en toda la medida en que uno puede serlo hoy.
20 abril 2004
LLevo unos 3 meses intentando encontrar a alguien para hablar inglés aqui, en Madrid, y no hay manera. Habré enviado unos 10 mails y llamado a unos 5 números. Imposible. Lo peor es que hay quien ni coge el teléfono. Que no contesten los mails, aparte de falta de educación, entra dentro de lo esperable.
Además, me pasaron un anuncio de trabajo, de una empresa que busca acompañantes para ejecutivas. Era un 902, es decir, pagas llamada local. Lo tuve, de cachondeo, en la mesa un par de semanas, hasta que hoy decidí llamar. Antes de irme por la mañana se calló al suelo y lo recogí. Lo dejé en la mesa. Al volver no estaba. No se qué piensa de la vida quien limpia...
Por otro lado, he descubierto cuál es la verdadera función de los psicólogos. Antes pensaba que eran como un amigo que te cobra. Ahora estoy seguro de que su función es crear inseguridad en los propios criterios, para provocar neurosis, esquizofrenia y, finalmente, el suicidio. ¿Por qué? Porque cuando le dices algo a alguno la respuesta es invariable: estás equivocado, eso no es así.
Complejo de psicólogos deben tener Bono (no el de U2, sino el de Defensa) y Moratinos. Vale que nos llevemos a los soldados de Irak así de repente. Pero que digan que eso no afecta a las relaciones con EUA y que los aliados que hemos dejado allá seguirán siéndolo no tiene nombre: o piensan que somos gilipollas o piensan que los aliados lo son. Y no sé que es peor.
Por lo demás, Alcatraz en su sitio, y el examen con la fecha en el aire, pero casi seguro hacia el 15.
Además, me pasaron un anuncio de trabajo, de una empresa que busca acompañantes para ejecutivas. Era un 902, es decir, pagas llamada local. Lo tuve, de cachondeo, en la mesa un par de semanas, hasta que hoy decidí llamar. Antes de irme por la mañana se calló al suelo y lo recogí. Lo dejé en la mesa. Al volver no estaba. No se qué piensa de la vida quien limpia...
Por otro lado, he descubierto cuál es la verdadera función de los psicólogos. Antes pensaba que eran como un amigo que te cobra. Ahora estoy seguro de que su función es crear inseguridad en los propios criterios, para provocar neurosis, esquizofrenia y, finalmente, el suicidio. ¿Por qué? Porque cuando le dices algo a alguno la respuesta es invariable: estás equivocado, eso no es así.
Complejo de psicólogos deben tener Bono (no el de U2, sino el de Defensa) y Moratinos. Vale que nos llevemos a los soldados de Irak así de repente. Pero que digan que eso no afecta a las relaciones con EUA y que los aliados que hemos dejado allá seguirán siéndolo no tiene nombre: o piensan que somos gilipollas o piensan que los aliados lo son. Y no sé que es peor.
Por lo demás, Alcatraz en su sitio, y el examen con la fecha en el aire, pero casi seguro hacia el 15.
15 abril 2004
Bueno, esto es lo que he podido salvar del disco, el final se ha perdido, no quedaba mucho, aunque me gustaba. A ver si un día lo acabo.
El fin de semana me encontré con un antiguo compañero de colegio. Estuvimos cenando con Pachi, que también lo fue. La conversación fue divertida, hablamos de todos los viejos compañeros de los que nos pudimos acordar. De repente, decenas de caras que había olvidado, me volvieron a la memoria. Muchos viven en otras ciudades, hubo quien hace unos años que se casó, y hay quien espera, si no ha llegado ya, un cabezón pequeño al que ponerle su nombre. Desde que vivo en Madrid había olvidado a toda esa gente, con las que compartí clase los largos años de adolescencia. Es extraño, durante esos años parecía que no había otras personas en el mundo y un día, de repente, te das cuenta de que hace años que no sabes de ellos y que habrá muchos a los que no vuelvas a ver. No es que tenga especial interés en hacerlo, pero el contraste con la sensación a los 13 o 14 años es inmenso.
A los dos días comí con el amigo que me presentó ha Amaya, ese romance de 2 semanas, en octubre-noviembre, en el que me utilizó. Se casa. Mi amigo comentó que no me había dicho nada por si me sentaba mal. De menuda me he librado. Tiene todo preparado para agosto. No creo que haya conocido a su futuro marido hace más de 3 o 4 meses.
Y sin embargo, en estos días de sol sigo echando de menos un abrazo caliente, con perfume de mujer. No hay más que parejas por la calle, recordándome que la vida, con la primavera, vuelve. Los parques están llenos de gente abrazada, dándose un calor que hace falta para vivir.
Además, este sol me ha recordado París. No sé porqué, a pesar de conocer bien la ciudad, tras 7 visitas más o menos largas, nunca estuve en esta época. Sin embargo me vienen a la mente sus calles, mientras me las imagino con esta luz mediterránea. Ayer me llegó un mail de Sara, esa cria de 18 años tan encantadora que conocí en París. A pesar de la diferencia de edad, me enamoré, no locamente pero un poco, de ella. Y creo que ella otro poco de mi, por detalles de entonces, y porque un mail inesperado, para decir que está bien, que espera que yo también, y que tiene novio, quiere decir que se acuerda un poco. A pesar de haber compartido sólo unos 15 días.
Estos días de semana santa, mientras me quedaba trabajando, pensaba que hacen falta de nuevo ideales, que ya no hay revoluciones (tampoco quiero decir violentas), que la gente no lucha por nada, y no sé si es bueno o malo. A veces creo que me hace falta un ideal.
Y espero todavía ese beso en la boca suave, caliente, húmedo, que habla de amor, que acompaña una caricia y que no busca nada más, nada más que decir “te quiero” sin palabras, untando con los labios toda la ternura del corazón. En París, antes de que fuese tarde, le dejé a Sara un mensaje, citándola, la víspera de los resultados de su examen, en una escalinata desde la que se veía la ciudad al atardecer. Nunca vino; la nota salió esa tarde y no estaba admitida. Pero todavía me la imagino, subiendo las escaleras, iluminada por el sol, con esa melena a un lado por el viento, y su enorme sonrisa. Nunca le di un abrazo de consuelo, y todavía me arrepiento
A los dos días comí con el amigo que me presentó ha Amaya, ese romance de 2 semanas, en octubre-noviembre, en el que me utilizó. Se casa. Mi amigo comentó que no me había dicho nada por si me sentaba mal. De menuda me he librado. Tiene todo preparado para agosto. No creo que haya conocido a su futuro marido hace más de 3 o 4 meses.
Y sin embargo, en estos días de sol sigo echando de menos un abrazo caliente, con perfume de mujer. No hay más que parejas por la calle, recordándome que la vida, con la primavera, vuelve. Los parques están llenos de gente abrazada, dándose un calor que hace falta para vivir.
Además, este sol me ha recordado París. No sé porqué, a pesar de conocer bien la ciudad, tras 7 visitas más o menos largas, nunca estuve en esta época. Sin embargo me vienen a la mente sus calles, mientras me las imagino con esta luz mediterránea. Ayer me llegó un mail de Sara, esa cria de 18 años tan encantadora que conocí en París. A pesar de la diferencia de edad, me enamoré, no locamente pero un poco, de ella. Y creo que ella otro poco de mi, por detalles de entonces, y porque un mail inesperado, para decir que está bien, que espera que yo también, y que tiene novio, quiere decir que se acuerda un poco. A pesar de haber compartido sólo unos 15 días.
Estos días de semana santa, mientras me quedaba trabajando, pensaba que hacen falta de nuevo ideales, que ya no hay revoluciones (tampoco quiero decir violentas), que la gente no lucha por nada, y no sé si es bueno o malo. A veces creo que me hace falta un ideal.
Y espero todavía ese beso en la boca suave, caliente, húmedo, que habla de amor, que acompaña una caricia y que no busca nada más, nada más que decir “te quiero” sin palabras, untando con los labios toda la ternura del corazón. En París, antes de que fuese tarde, le dejé a Sara un mensaje, citándola, la víspera de los resultados de su examen, en una escalinata desde la que se veía la ciudad al atardecer. Nunca vino; la nota salió esa tarde y no estaba admitida. Pero todavía me la imagino, subiendo las escaleras, iluminada por el sol, con esa melena a un lado por el viento, y su enorme sonrisa. Nunca le di un abrazo de consuelo, y todavía me arrepiento
14 abril 2004
Había escrito un post bien bonito, pero no sé que pasa que el ordenador no lee el disco. Lo que, unido a los 2 tés, me hace ponerme nervioso, sensación que aumenta porque la semana pasada no hubo colada y ahora no tengo ropa para cambiarme, hasta el viernes, por lo que no puedo hacer deporte. A ver si arreglo, por lo menos, lo del post.
07 abril 2004
Lo que va desde el sábado a hoy ha ido bien. He descubierto que sí que soy normal, lo que siempre es un alivio. Llevo año y medio en “Alcatraz, preparando oposiciones. Ha sido una época caracterizada por nervios, angustia y falta de alegría; es una rutina dura. Yo lo achacaba a que apenas conozco gente en la ciudad (fuera de opositores, mi vida social es Pachi y el francés) y a estar fuera de casa (cosa que me inquietaba, a mi edad, el sentirme dependiente de la familia hasta ese extremo). Sin embargo, tras hablar con un par de compañeros de academia, mayores que yo, que viven en casa y pasan el tiempo libre con sus parejas, me he dado cuenta de que su situación es, más o menos, la misma que la que vivo yo. Vamos, que en ese sentido soy normal.
Alcatraz, donde resido, es un lugar habitado por tipos interesantes de personas. Hay quien lleva aquí más de 8 años opositando, por no hablar de los catedráticos homosexuales o de Pepe-nicho, incapacitado legalmente por la familia. Yo los encontraba, cuando menos, faltos de calor, por no decir ásperos. También pensé que era cosa mía, que no había madurado suficientemente. Pero este sábado, hablando con un “recluso” que lleva aquí casi un año, me confesó que en sus 5 años de oposición no había conocido gente igual. Empezando por los de portería, que son especimenes únicos en su especie.
Saber que soy normal, unido al sol que empieza a asomar por la ventana, esa desde la que miro, me dio un ánimo relativo. Pero ese sol es traicionero, te hace creer que la vida de ahí fuera te pertenece: gente que se ha ido de vacaciones y gente que ha venido a conocer Madrid: adolescentes en “viaje de estudios” que miran golosas, agencias de viaje que te ofrecen el viaje de tu vida a cambio de un precio en dinero, tiempo libre para ver, desde un banco del parque, pasar la vida. Levantarte para cogerla.
No, hoy me he levantado con resaca (no debí volver a beber, entristece) y me he dado cuenta de que la cadena sigue intacta.
Alcatraz, donde resido, es un lugar habitado por tipos interesantes de personas. Hay quien lleva aquí más de 8 años opositando, por no hablar de los catedráticos homosexuales o de Pepe-nicho, incapacitado legalmente por la familia. Yo los encontraba, cuando menos, faltos de calor, por no decir ásperos. También pensé que era cosa mía, que no había madurado suficientemente. Pero este sábado, hablando con un “recluso” que lleva aquí casi un año, me confesó que en sus 5 años de oposición no había conocido gente igual. Empezando por los de portería, que son especimenes únicos en su especie.
Saber que soy normal, unido al sol que empieza a asomar por la ventana, esa desde la que miro, me dio un ánimo relativo. Pero ese sol es traicionero, te hace creer que la vida de ahí fuera te pertenece: gente que se ha ido de vacaciones y gente que ha venido a conocer Madrid: adolescentes en “viaje de estudios” que miran golosas, agencias de viaje que te ofrecen el viaje de tu vida a cambio de un precio en dinero, tiempo libre para ver, desde un banco del parque, pasar la vida. Levantarte para cogerla.
No, hoy me he levantado con resaca (no debí volver a beber, entristece) y me he dado cuenta de que la cadena sigue intacta.
02 abril 2004
Generalmente no hablo de política en el blog. No es que no me interese, pero es algo de lo que no me ha apetecido hablar. La clase política del país es más o menos patética, salvo excepciones, pero el avance de la mediocridad es increible. Desde un dirigente de IU que dice que "salió a la calle a defender la democracia contra los hijos de Franco" (si fuesen los hijos de Franco ibas a estar tu ahí para decirlo) a una ex ministra de AA. EE que daba pena verla, por muy competente que fuese en su campo. Pasando por los ministros entrantes, la mitad provenientes de uno de los gobiernos más corruptos de la democracia española.
Lo que más me preocupa es la economía, porque es lo que estudié, y los AA. EE. porque es lo que estudio. La nueva situación me daba miedo, hasta que vi a Solbes. La mitad del problema solucionado. Pero viendo a "Morántinos", sólo puedo decir esto.
Alguién que expresa con palabras lo que yo intuía.
Lo que más me preocupa es la economía, porque es lo que estudié, y los AA. EE. porque es lo que estudio. La nueva situación me daba miedo, hasta que vi a Solbes. La mitad del problema solucionado. Pero viendo a "Morántinos", sólo puedo decir esto.
Alguién que expresa con palabras lo que yo intuía.