Que la vida iba en serio, eso lo descubrí más tarde. Como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.

28 octubre 2003


Donde vivo, los ordenadores tienen un contrato de trabajo: se pueden usar de 10 a 13, de 4 a 7 y de 9 a 11; de lunes a sábado a la mañana. Hay 10 y somos cerca de 250 personas, de las cuales más de la mitad son ociosos que pueden perder el tiempo jugando, chateando con desconocidos o viendo fotos de gente que prefiere no trabajar a cambio de pasar un poco de frío. Por eso, no puedo postear todo lo rápido que quisiera.
Por eso, a veces, escribo algo que más tarde corregiría la realidad.

Sábado por la tarde, lloviendo, el frío de no tener calefacción a 4 grados, y la “resaca” de hablar toda la noche con una vieja y querida amiga que veo de vez en cuando (y por eso nunca le digo que no a una copa con conversación), decido ir a conocer el apartamento de un antiguo compañero.
La tarde pasa normal; él, simpático y correcto. Le llama una compañera, yo no la he visto nunca, y queda para cenar en su casa. Me invita. Cuando ella llega tengo que abrir yo, y desde este momento, antes de verla, siento que algo va a pasar: Empiezo a sentir curiosidad por conocerla y la espero con la puerta abierta.
Desde el primer momento nos caemos bien, se nota. Hablamos con educación pero con confianza. Diez minutos después nos lleva a su casa, a cenar. La conversación la llevamos ella y yo; el amigo común simplemente está. Deja de cenar para sentarse en el sofa. Nos deja en la mesa. Yo en el postre, ella ya con una copa. No son ni las 11. El amigo dice que tiene que madrugar, que ha quedado, ella está invitada también a una excursión. Se va. Nos quedamos los dos, con menos luz. No sabría decir como es su cara, sólo la veía a ella: su alegría, amabilidad, las inquietudes vitales, una energía que le rezuma la piel… Estamos muy, muy tranquilos, como nos conociésemos desde hace meses.
De repente la besé, ella lo esperaba detrás de su copa. Tres besos más tarde estábamos en el sofá. Siete después me dijo que me quedase a desayunar, que no la dejase sola en mitad de la noche.
Al desayuno se unió una invitación a comer. A pesar de que sabe que el domingo trabajo en casa, como lo hizo ella. Cocino yo. La conversación no decae nunca, y si lo hace es para dar paso a la ternura. Increíble. Ella, con una mano atiza el fuego, inconscientemente, es lo que quiere hacer; con la otra lo intenta apagar, es lo que cree que tiene que hacer.
Vamos dos veces a Alcatraz, a por unos discos la primera. A por ropa para cambiarme el lunes y mi trabajo la segunda. Mientras cena, hago lo atrasado. Me mira pensando qué hago yo allí, como un novio con el que se vive, pero me habla pidiendo que no me vaya.
Nos vamos a dormir, juntos, abrazado, muy cansados para nada más que para ver al otro, mirar en sus ojos, respirar su olor y sentir el tacto de una piel que hace 24 horas no habíamos visto nunca.
El lunes por la mañana, ella al paraíso, yo de vuelta a Alcatraz. Espero una llamada desde el apartamento más agradable de Madrid. Donde debí estar en algún otro momento porque nada me es extraño, y a ella parezco conocerla desde siempre. Parece lo que busqué en mis sueños, tan soñado que nos es familiar, y tan esperado que creemos que es imposible.
Ella, 27 años, profesional muy cualificada, profesión D, preparadora, el año que viene irá destinada por el trabajo a algún país exótico. Yo, 24 años, sin trabajo, sin nada más que ofrecer que teoría y conversación; el cielo, el horizonte… y todo el futuro por delante.

27 octubre 2003

Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vayas llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. ¿ Qué más ?. Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasa.
Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste:pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
Pablo Neruda


4 grados de temperatura. Sin calefacción: A: es que es octubre y hasta noviembre no se pone. Yo: pero es que ayer heló. A: ya pero es que es octubre y…(ni salido de la Regenta) Desde hace dos días sin agua caliente; me imagino que hasta el martes no habrá. La estufilla, echando humo… inútilmente. En la terraza, los calcetines lavados a mano, intentando secarse.
El día avanza lento pero ineluctable. Fin del “horario de verano”. Seis meses viviendo de noche. Y mientras, el mundo, al otro lado de la ventana, no ha dejado de girar. Ayer hubo miles de personas que se conocieron, y de entre esos miles, miles vieron un atardecer increíble en Corfú, Goa, Luzón, Puerto Príncipe o Sanxenxo; o un amanecer en Mayfair, Saint Germain, la “ciudad prohibida”, o el malecón de la Habana. Miles que hicieron el amor besándose hasta morir de escalofríos, por primera vez: sofás de una pieza en un piso prestado, camas de motel con sábanas marrones, asientos de atrás, portales fueron el mejor lugar, en mucho tiempo, para mucha gente.
Hubo quien enseñó las fotos del último verano, quien empezó a planear el siguiente. Discusiones que acaban a besos sobre dónde se va a cenar en navidad, planes para Semana Santa. Y yo, viéndolo todo, imaginándolo todo, desde la ventana.

22 octubre 2003

Poema popular irlandés, traducido al inglés.

Broken Vows.

It is late last night.
The dog was speaking of you
The snipe was speaking of you in her deep marsh
It is you are that lonely bird throughout the woods
And that you may be without a mate until you find me.
You promised, me and you said a lie to me,
That you would be before me
Where the sheep are flocked;
I gave a whistle and three hundred cries to you
And I found nothing there but a bleating lamb.
You promised me a thing that is hard for you,
A ship of gold under a silver mast,
Twelve towns and a market in all of them,
And a fine white court by the side of the sea.
You promised me a thing that is not possible,
That you would give me gloves of the skin of a fish;
That you would give shoes of the skin of a bird,
And the suit of the dearest silk in Ireland.
My mother told me, not to be talking with you,
Today or tomorrow, or on the Sunday.
It was a bad time she took for telling me that, it was shutting the door after the house was robbed.
You have taken the east from me,
You have taken the west from me,
You have taken what is before me and what is behind me;
You have taken the moon,
You have taken the sun from me,
And, my fear is great,
You have taken God from me.

20 octubre 2003

Al final, como siempre, Natasha no vino a España. Su avión llegaba demasiado tarde. Su hermana me dijo que fuese a la fiesta sin ningún problema: 10 alemanas, algunas no hablaban apenas español, y yo. Los tópicos son siempre falsos: la única que desconocía totalmente el español era muy simpática. El resto, como si les debiesen dinero, y mucho. Una “fiesta” alemana es una experiencia que todo el mundo debería conocer.
Volviendo a casa, a eso de las 2, debía tener un aspecto lamentable: una prostituta se acercó y me dijo que por lo que llevase encima me hacía un completo. Cinco minutos después llegó el autobús, tenía ganas de mirarme la pinta en casa, meterme en la cama solo e intentar dormir.

El sábado un amigo estaba de visita en la ciudad y yo tenía un fin de semana de permiso (hay que aprovecharlo como sea). Fuimos con otros dos colegas a un piso de unas amigas suyas. Fue la primera vez en mi vida en que vi que la opción heterosexual es minoritaria en un lugar. Es una sensación rara, no se sabe reaccionar con naturalidad absoluta. Tiempo al tiempo.
Después, copas y discoteca, por primera vez en mucho tiempo.

Mientras tanto, esperando que Daniela, una mexicana increíble con la que tuve la suerte de compartir una noche loca en París, me responda a una carta. Desde hace dos semanas. Cualquier frase de desprecio en la despedida habría sido más elegante. Ignorando todo lo que nos habíamos dicho. ¿Mentiras de noches de verano?
Siempre las creo. Espero aprender algún día.

16 octubre 2003

Ilusión: alegría que produce la esperanza o la realización de un deseo.
Ayer, después de ver al individuo del bar de bocadillos, me llamó una chica que conocí en París. Alemana, hija de españoles, encantadora y guapísima. Viene el fin de semana a Madrid a una fiesta que da su hermana. Quiere que vaya con ella a la fiesta. Como amigo… pero con ella.
Eso no es ilusión. Es algo más. Cuando se vive entre 4 paredes y de repente alguien que no es tu madre te llama porque quiere estar un rato contigo, compartiendo un vaso de vino o una cerveza. Sólo porque nos caímos bien, nos entendimos. Porque viene a tu ciudad 2 días y simplemente quiere verte. Eso no es ilusión, es algo más.

Hace un año y medio que no veo a la que fue una de las mujeres más importantes de mi vida. Más de un año y medio que no nos besamos como sólo pueden hacerlo los adolescentes enamorados (cuando lo haces de nuevo se te vuelve a erizar la piel como la primera vez).
El domingo me llamó, después de abandonarme en este agujero (una de las cosas que más me ha dolido en mucho tiempo) sólo para decirme, nerviosa, que empezaba una relación con otro.
Es la primera vez en que he conocido una “dulce derrota”. Y duele como las que no son dulces. Cuesta más darse cuenta, pero no se siente como una derrota tan completa.
Todavía espero otra llamada para decirme que no es verdad.

14 octubre 2003

Bar de bocadillos baratos, Madrid.
Juan: Hola, ¿Qué tal? Pasaba por la puerta y te he visto.
Yo: Ya ves, de vuelta a la mina.
J: ¿sigués en ese asunto? (tono: eres un negado y no sé cómo no te has dado cuenta).
Yo: Si, llegue la semana pasada, a ver este año que tal va.
J: Sigo en el mismo trabajo que hace 4 meses pero ya me han ascendido dos veces.
Yo: me alegro, porque con lo que cambiate de trabajo… era el de los chips?
J: Sí, lo sacamos para Telefónica, Vodafone y Amena y salimos en la tele en noviembre.
Yo: ya veo que te va bien. ¿ahora vives por el barrio?
J: sí, en la calle… pasate cuando quieras… si creo que esa es la dirección. ¿Tú, donde antes? (tono de hay que ser gilipollas)
Por cierto, me he traído el coche y se lo voy a dar a mi hermano, porque con lo del aumento estoy pensando en comprarme un Jaguar, chaval.

Ejemplo real de la conversación mantenida ayer a la hora de cenar con un fantasma del pasado que hubiese preferido no ver en lo que me queda de vida. Hay que ser imbécil para ver a un tío después de 4 meses y mantener esta conversación. La España casposa en persona se ha parado a saludarme. Y lo triste que no ha cumplido los 30, todavía queda… Decir que España es el país de la envidia es acertado. Pero decir que para ciertas personas es su razón de vivir, además de cierto es triste. No creo que vaya a ver su supuesta casa, ni ha llamar a la gente que frecuentamos, sólo pido no tener que mantener estas conversaciones muy a menudo.
La vida no es ser ingeniero, socio de un buffet o tener un Jaguar; es ser felíz.
Bienvenidos al sitio blog. En primer lugar, señalar que el subtítulo es un cuarteto de Rubén Darío que resume mi manera de ver el mundo. Los hay mejores, seguro, pero no los he encontrado. Este es la reflexión que realiza un enamorado de la vida, del amor y la belleza al ver que al final los sueños perseguidos durante la juventud no eran más que fantasmas leídos en Bécquer, o los inicios de Beaudelaire o Hesse.
El estilo, pedante, retorcido, lleno de palabras que no quieren decir nada y lejos de la claridad y concisión deseables en cualquier texto que se precie de serlo (desde aquí un saludo a los blog donde vivo por delegación).
Por fín, el título, ¿por qué “desde mi ventanta”? Soy una especie de enclaustrado en vida que lucha por un sueño, como buen buscador de amor y belleza. Paso mi vida, la vida, mirando desde mi ventana, viendo como todo pasa por delante mientras estoy dentro de una habitación, convertida en hogar, donde dejo pudrirse los mejores años de una juventud que no va a volver, intentando no dejarme explotar como un esclavo por alguien con tan pocos escrúpulos como para limpiar su alma el domingo por un par de billetes. Antes, los esclavos, tenían derecho a decir que lo eran; hoy, hay que dar las gracias por serlo.
A los posibles visitantes: No busco ser muy leído, prefiero ser leído por unas pocas personas, adecuadas. Conocidas o no, con las que se comparte una manera de ver el mundo, no en todo, en algunos aspectos fundamentales que no entienden de fronteras o dinero. Gente con la que, aunque no se haya compartido una noche de verano con botellas en un parque, te sepan entender sin tener que mirarte a los ojos ni haberte visto nunca. Esas personas con las que desde el primer momento de contacto ambas saben que se pueden entender.
Lisek.

09 octubre 2003

Hola, hoy es el primer dia en que miro desde mi ventana.

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